miércoles, 19 de agosto de 2015
Cuando Sergio Romero surgió en Racing Club de Avellaneda era un arquero duro, alto, un portero fornido.
Se fue forjando en las divisiones menores junto a uno de los más grandes, Ubaldo Matildo Fillol. El “Pato” Fillol (ex arquero campeón del mundo en 1978 para Argentina), trabajaba junto a Hugo Tocalli en los seleccionados sub 20. Allí, Sergio empezó a parecerse al Pato en sus maneras de jugar: la forma de volar, de dominar el área, la ubicación.
Paso el tiempo y Romero fue transferido al Az Alkmaar. Az era un club pequeño holandés que había salido campeón una vez de la Liga y había descendido muchísimas veces. Pero esta vez, su presidente, Dirk Scheringa (fundador del banco DSB, patrocinante de la camiseta del Az) invirtió en Romero.
Allí, se encontraría con Louis Van Gaal y Franz Hoek como entrenadores. El primero venia de capa caída: no había clasificado a Holanda para el mundial de Corea-Japón 2002 y su segunda etapa en el Barcelona había sido frustante. Tenía en el plantel a Juan Román Riquelme (quien defecciono en su rendimiento). Eso, sumado a la campaña montada por Enrique Romero (el que invento la carta de Ruud Krol en el Mundial 78, que decía que de los fusiles de los militares salían “flores” ¿se acuerdan?) y por Jorge “Topo” López (periodista fallecido en el Mundial de Brasil 2014), hicieron un coctel explosivo para la “experta” visión argentina: Romero a Holanda! a un club que no existe! Y con Van Gaal!!…¿Quién es Hoek?? Sergio Romero era candidato a sufrir.
Fue despreciable lo que hicieron tanto Jorge López como Enrique Romero escribiendo desde España “defendiendo a Riquelme”, (alguna vez buscare en mis archivos para mostrarles como es destruir a una persona a distancia), humillando a Van Gaal. Con toda esa carga, sumada al que proyecto Van Gaal-Scheringa había estado a las puertas de un campeonato varias veces, a todo eso, le puso el pecho Sergio Romero. Y lo que vi, fue, increíble: una metamorfosis. Un arquero estilizado, que jugaba con el pie de manera más que digna, que era el jugador numero 11…tapaba todo, esa temporada fue de ensueño. Franz Hoek aplico en él, un trabajo que había presentado en la FIFA para detectar porteros, una vida mejorando arqueros tenia Hoek. Lo hizo con Romero, así como con Victor Valdes y tantos otros.
Sergio Romero logro un record de 955 minutos sin recibir un gol. Quedo a 107 minutos de batir el record de imbatibilidad…era tal su confianza que cuando el Az perdió en cuartos de final con el Nac Breda por la Copa de Holanda, pego un puñetazo contra la pared, como sinónimo de frustración. Meses más tarde, salió campeón de Liga con el Az, el sueño cumplido. Personal y grupal.
Se fue Van Gaal y Romero empezó a decaer. Alguna actuación en la Selección Argentina, tapando penales pero el mismo sabía que las cosas no iban bien: poco protagonismo tenía en Mónaco o en Sampdoria. Paso el tiempo, y otra vez Romero se cruzó con Van Gaal y Hoek: le pidieron que venga al Manchester United, cuando era un arquero, en el mercado, casi de “descarte”. Hoy es el titular del arco, y cuando lo vi en estos tres partidos que lleva jugados me dije: lo hicieron de nuevo. Ágil, flexible, jugando con los pies, tapando todo. Faltan que vendan a David a De Gea y cartón lleno para Sergio.
Termino el partido con Brujas, donde Manchester gano 3 a 1. Y mire a mi gato, mire a Romero en la pantalla. Vi en la mirada algo común en ambos: calma, pero fiereza a la vez. Destreza pero arrojo. Apego, cuando le das confianza… Por eso, el gato está de nuevo. Y eso es bienvenido.
Cristian Muntaner
